El Liceo Digital



          L I T E R A T U R A

“El desalojo”
Sainete de Florencio Sánchez.

Utilicen este selector para ir a cada tema y volver al principio.
Referencia general | Comentario


Referencia general.

 

El sainete rioplatense, en una obra teatral corta — generalmente de un único acto — dirigida a entretener al público y a provocar emociones alternadas entre la comicidad y la tristeza por el impacto dramático, sobre todo en su desenlace. En algunos casos, se intercalaban bailes o cantos criollos.

Lo breve de la obra, implica que tenga un argumento centralizado en torno a una situación muy concreta, y un desarrollo lineal; en el cual la necesidad derivada de la representación teatral produce una unidad de tiempo representada a la vez por un transcurso secuencial y un sincronismo del tiempo del relato con el tiempo real de su presentación.

Generalmente intervienen varios personajes, aunque pocos, casi todos ellos de tipo popular, identificado con el nivel social del público al cual se dirige la obra. La comicidad se basa por lo común en el ridículo derivado de su poca instrucción, de la no comprensión de la circunstancia que enfrentan, y a menudo del contraste de las costumbres y deformación de los lenguajes de los criollos y los inmigrantes europeos que habían comenzado a llegar al Río de la Plata.

La calificación como rioplatense, deriva por un lado de la similitud de características del desarrollo económico y social en ambas márgenes del Plata — especialmente entre Buenos Aires y Montevideo — y también de los grupos humanos. Del mismo modo, los pocos autores que cultivaron el género y especialmente Florencio Sánchez que fue su principal figura autoral, surgieron y vivieron en ambas sociedades; como también sus obras fueron presentadas al público de ellas contemporáneamente.

Por su contenido, aquella calificación se justifica - además - en cuanto las obras planteaban situaciones específicas de ambas sociedades, localizadas en ellas, con personajes propios y de la época. Ello se complementa con el empleo de un lenguaje que contiene las deformaciones características el que idioma español tuvo en el Río de la Plata, según los diversos agrupamientos humanos existentes en sus sociedades.

En la época de auge del teatro gauchesco, comprendida principalmente entre 1900 y 1910, el lenguaje - por lo menos de los personajes que correspondían a la figura del gaucho - aplicó las mismas modalidades que se habían generalizado mediante las obras de la poesía gauchesca, especialmente el “Martín Fierro”.

De la misma manera, los personajes que correspondían a otros tipos sociales distintos del gaucho, empleaban un lenguaje que les era también característico. Esto es aplicable especialmente a los inmigrantes que se habían incorporado especialmente al medio urbano, principalmente italianos y entre ellos los napolitanos; como también algunos eslavos, alemanos y aún turcos, casi todos referidos genéricamente como “rusos”. Para aludir a la forma de hablar en que los inmigrantes napolitanos mezclaban palabras españolas con pronunciación italiana y expresiones de su lengua, se creó el término “cocoliche”

El uso de un lenguaje propio también es aplicable a otros personajes de surgimiento más reciente, principalmente de ambientes marginales, conocidos como los “malevos” o gente de mala vida; que desarrollaron un lenguaje especial —lo que constituye una jerga o un “argot” — el “lunfardo” o “lengua del bajo”. Éste, era un lenguaje que tendía a ser críptico, buscando un modo de comunicarse que se tornara incomprensible para el común de las personas — especialmente para hacerse comunicaciones referentes a temas delictivos o moralmente proscriptos — basado en algunos artificios como la inversión de las sílabas (el “vesre” = revés), el uso de palabras dialectales del napolitano, o el cambio semántico de la significación de palabras conocidas.

Ir al principio


Comentario general

Argumento

El argumento expone la situación en que se encuentra una mujer ya madura, madre de varios hijos, que vive en un conventillo y se enfrenta al desalojo por no haber pagado el alquiler. Sus pertenencias están en el patio del conventillo — donde transcurre la escena — al haber sido desalojada de la pieza que ocupaba en él.

Su marido - que es obrero de la construcción - se ha caído de un andamio, y se encuentra internado en el Hospital; siendo casi seguro que habrá de quedar paralítico. Un diario había publicado su caso, por lo cual un periodista se hace presente, acompañado de un Comisario de Policía, para entregarle un dinero reunido por colecta entre sus lectores.

El Comisario le ofrece que sus hijos menores queden en un asilo, y el mayor ingrese en el cuartel de Policía; pero ella se niega, por no separarse de ellos. En su desesperación, termina entregando el dinero que era para pagar el alquiler, a su padre; que es un soldado retirado e inválido, quien seguramente lo empleará para emborracharse.

En consecuencia, no hay un desenlace explícito, pero la situación queda tal como al principio, sin otra perspectiva que el desalojo y el total desamparo de la mujer y sus hijos.

Personajes

INDALECIA — Es el personaje principal. Se trata de una mujer ya madura (dice ser demasiado vieja para conseguir empleo de costurera) que de joven se separó de su padre para irse con su marido. Tiene varios hijos cuyas edades no se especifican expresamente, pero se deduce que son todos varones salvo una niña que sería la menor de todos, tal vez de 2 o 3 años de edad. Los niños parecerían tener de 10 o 12 años hacia abajo; juegan en el patio del conventillo y se burlan del viejo lisiado que llega, y resulta ser su abuelo.

Se presenta como una mujer de muy poca instrucción y capacidades; que según un patrón común en la época - en que comenzaba a difundirse la máquina de coser de uso doméstico - estaría en disposición a tomar trabajos de costura a domicilio en un “Registro” (almacenes de telas que cortaban ropa y la entregaban a confeccionar a domicilio a costureras, pagándoles por unidad).

El personaje suscita la simpatía y compasión del público, por sus expresiones de apego hacia sus hijos, en el conflicto de no tener qué darles de comer, o separarse de ellos para que sean ingresen a un asilo o el mayor al cuartel, a fin de que ella tenga la posibilidad de ganar algún dinero trabajando.

Al mismo tiempo, esa actitud aparece como una terquedad, al rechazar la ayuda que se le ofrece en la imposibilidad de una alternativa; y exhibe un alto grado de irresponsabilidad y falta de equilibrio al dar a su padre el dinero que le entregara el periodista, que no lo necesita tanto y lo empleará en vicios, con lo cual su situación queda sin solucionarse de ningún modo. De tal manera, una situación de desamparo y miseria causada por la formación de una pareja y la proliferación de hijos sin tener sustento económico suficiente, a lo cual se agrega el infortunio del accidente que afectara al marido, queda sin la única posibilidad por lo menos transitoria de solución, a causa de la necedad de la mujer.

GENARO — Es un inmigrante napolitano (hace a la encargada una mueca o gesto característico de los napolitanos que no se especifica, probablemente el “corte de manga”); que habla la mezcla de italiano dialectal con español inculto, llamada cocoliche. Una vecina lo describe como “botellero”, es decir, que se ocupa en reunir botellas vacías para venderlas.

Es un hombre de buenos sentimientos, que adopta hacia Indalecia y sus hijos una actitud compasivamente paternal; les da comida y trata de defenderlos de las agresiones de la encargada y hasta del propio padre de ella.

Constantemente repite un latiguillo - expresión reiterativa - que conforma un juicio general acerca del ambiente y la condición moral de los demás personajes, especialmente los vecinos del conventillo; exclamando en italiano “bruta gente” (lo que significa mala gente, fea gente).

EL INVÁLIDO — Es el padre de Indalecia - se individualiza así porque ella lo llama “Tata” - pero su nombre no aparece nunca. Es un soldado - con rango de Cabo - herido en la guerra, ha perdido un brazo en la batalla de Estero Bellaco. Se deduce que nunca había buscado a su hija desde que ella se fuera con su marido, lo que le reprocha; y que ha venido al enterarse por un diario de su situación y domicilio, movido por el interés de obtener alguna parte del dinero producido por la colecta efectuada por los lectores. Es un sujeto moralmente inferior, presto a tratar de congraciarse con el Comisario.

Sin embargo, existe cierta ambivalencia en su actitud, en cuanto expresa haberse preocupado por tratar de conseguirle otro alojamiento; y también muestra cierto grado de ternura para con sus nietos.

Su consejo a la hija para que acepte separarse de sus hijos no resulta claro si es producto de una reflexión serena, o de su falta de solidaridad con lo que para ella significaría separarse de ellos. Finalmente, a pesar de la miseria que enfrenta su hija, igual le pide que le entregue dinero; y no tiene escrúpulo alguno en quedarse con todo el dinero; a pesar de que su hija queda sin lugar en que vivir ni nada que dar a sus hijos, y se desentiende de todo ello.

EL PERIODISTA — Es un personaje bastante cínico, que no parece principalmente animado por el impulso de ayudar a la mujer, sino por el objetivo de lograr un tema sensacionalista para su diario. La escena en que se va a tomar una fotografía para el diario, ilustra la morbosidad de las vecinas del conventillo, que tratan de aparecer en ella.

EL COMISARIO — Al contrario de lo que ocurría en otras obras con los representantes de la autoridad policial, se lo presenta como un funcionario bastante equilibrado, que asume su papel de mantener el orden pero sin prepotencia; y que muestra cierto grado de compasión por la situación de la mujer, aunque se ve frustrado en sus intenciones por la terquedad de ella. Desdeña la adulonería del inválido; e indirectamente aconseja a la mujer que no le entregue dinero al indicar que lo quiere para emborracharse, pero sin involucrarse en su decisión.

Ir al principio


Conventillo — Casa colectiva de alojamiento de alquiler para personas pobres, generalmente constituída por dos o más pisos de habitaciones contiguas comunicadas por una balconada en forma de cuadro, situados en torno a un patio central relativamente amplio. A los diversos pisos se llegaba mediante una gran escalera central que se dividía en ramales. Las habitaciones eran únicas, carecían de cocina y de servicios higiénicos; los cuales eran comunes y consistían en letrinas.

El patio era el centro de actividad en el cual se lavaba la ropa que generalmente se colgaba a secar en cordeles tendidos entre las rejas de las balconadas; jugaban los niños, y se reunían los vecinos, a veces con fines festivos. Debido al calor de algunas épocas del año y a la escasa comodidad interior, frecuentemente los vecinos se instalaban sentados frente a las puertas de sus piezas, generalmente abiertas y cubiertas con una cortina de tela o estera.

El ambiente era casi totalmente falto de privacidad, y en alguna forma promiscuo. Solía desarrollarse una sociabilidad de contenido variable, algunas veces de buena convivencia, según las circunstancias; dando lugar tanto a bailes frecuentemente con libaciones, a grescas entre vecinas, o a peleas a cuchilladas de los hombres.

El nombre de conventillo es un diminutivo peyorativo de “convento”; por la similitud de la estructura en forma de balconada con los claustros de esos edificios religiosos, en los que también se albergaban numerosas personas en una estructura edilicia conformada por celdas individuales y zonas comunes de actividad general.

Ir al texto


Temas de literatura