H I S T O R I A D E L S I G L O X X
La Primer Guerra Mundial - (1914 - 1918)
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Antecedentes remotos de la I Guerra Mundial.
Como ocurre con otros eventos históricos del Siglo XX, el punto de partida de los antecedentes remotos de la I Guerra Mundial puede situarse en 1815, en la batalla de Waterloo que puso fin a la era napoleónica y estableció los rasgos y componentes principales de Europa del siglo XIX.
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Sin duda, varias circunstancias - algunas de ellas iniciadas antes de Waterloo - establecieron condiciones históricas que se proyectaron sobre factores trascendentes como antecedentes remotos de esa guerra. Entre ellos deben mencionarse sin duda:
Los conflictos de nacionalidades.
La revolución industrial que aparejó, inicialmente en Inglaterra luego en el resto de Europa,
La unificación de los Estados de Alemania e Italia.
El proceso de expansión colonial de las principales potencias europeas, especialmente Inglaterra y Francia.
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Indudablemente, los arreglos territoriales emergentes del Congreso de Viena de 1815, prescindieron en gran medida de tomar en consideración los factores de nacionalidad que, a partir del proceso iniciado en el Renacimiento, habían sentado raíces en Europa. El nacionalismo significaba en esencia que los pueblos que consideraban poseer una identidad nacional - por su origen (tales como los eslavos), por su religión (como los musulmanes abundantes en los Balcanes), y muy especialmente por su idioma, cuya importancia se vió enormemente potenciada por la difusión de la imprenta - gozaban del derecho a constituirse en un Estado y ser gobernados por sus propias autoridades políticas.
Entretanto, el Congreso de Viena había colocado arbitrariamente a numerosas colectividades nacionales bajo la autoridad de Estados y gobiernos que consideraban ilegítimos; y especialmente bajo dinastías monárquicas que no aceptaban. En otros casos - como ocurría especialmente en los Balcanes - las poblaciones no eran homogéneas, y en un mismo territorio coexistían una población predominante por sus rasgos nacionales, con una o más minorías religiosa, idiomática e históricamente distintas; sin que se hubiera establecer los medios para su coexistencia e integración.
La revolución industrial no solamente tuvo una incidencia importante como condicionante de los desequilibrios entre los Estados que fueron partícipes de la I Guerra Mundial; sino que algunas de sus derivaciones, como el desarrollo de la industria metalúrgica y el consiguiente despliegue del ferrocarril así como la aparición de armamentos mucho más poderosos, incidieron tanto sobre la evolución política de algunos de esos Estados como sobre el propio desempeño de las acciones militares.
Después de Waterloo, la situación política y militar en Europa - que todavía era el foco central de la actividad mundial - se caracterizó por la existencia de un período de gran estabilidad, que prácticamente se prolongó a lo largo de un siglo (1815-1914), en función no de un equilibrio de poderes sino del franco predominio de Inglaterra en todos los órdenes. A pesar de que no estuvieron ausentes algunos conflictos bélicos, ese período - que puede identificarse a los efectos históricos con el siglo XIX - ha sido designado por ese motivo como la pax britannica.
Inglaterra, habiendo sido el país en que comenzó la revolución industrial, contó en consecuencia con una inicial ventaja cronológica; que la llevó a anticiparse sobre los demás países europeos en cuanto a disponer de las ventajas del desarrollo de la industria y el comercio.
Ello fue resultado de varias condiciones favorables para la intensificación del proceso de industrialización capitalista; como la estabilidad política y monetaria; la posesión de hierro, carbón y lana; lo compacto de su territorio; la abundancia de alimentos, que posibilitó el crecimiento de su población; el desarrollo de una gran capacidad naval; el desarrollo de la educación superior, unido a una actitud cultural de inclinación hacia las innovaciones mediante la aplicación práctica de los recientes conocimientos científicos a nuevas invenciones y al desarrollo de tecnologías; así como el desarrollo de una estructura bancaria y financiera que permitió obtener los capitales necesarios.
De tal manera, como potencia vencedora del Imperio Napoleónico en Waterloo, Inglaterra se encontró a partir de entonces en una posición de amplio predominio sobre el resto de los Estados europeos.
Francia, que por entonces era la única potencia capaz de competir con Inglaterra, no solamente había sido derrotada militarmente; sino que había transcurrido un extenso período de inestabilidad política desde la Revolución de 1789, y todavía estaba lejos de alcanzar un sistema de gobierno sólido y estable. Todavía atravesaría importantes convulsiones políticas; como las revoluciones de 1830 y 1848, la restauración del Segundo Imperio y la 3ª República.
Si bien había avanzado bastante en el proceso de industrialización, enfrentaba las dificultades resultantes de su carencia de carbón y de la capacidad técnica de utilizar el tipo de mineral de hierro con que contaba. Por otra parte, su sistema agrícola conservaba muchos de los rasgos del feudalismo, y las condiciones económicas y culturales no facilitaban un importante crecimiento de la productividad agropecuaria. Las dificultades que enfrentó con la producción de alimentos y el consiguiente encarecimiento del trigo y otros productos agrícolas tuvieron importante incidencia en su inestabilidad política de mediados del siglo XIX.
Su red de ferrocarriles era totalmente incipiente; y solamente comenzó a extenderse algunos lustros después de Waterloo. Pero las inestabilidades monetarias y financieras conspiraron contra el desarrollo rápido de sus industrias pesadas y su infraestructura económica y de comunicaciones. Por añadidura, debió afrontar el pago de cuantiosas indemnizaciones de guerra, especialmente en favor de Prusia.
Las intensas divisiones ideológicas provenientes del período revolucionario y sus secuelas, incidieron en una gran inestabilidad política e institucional; derivando en un estado de permanente agitación y en la frecuente alternación de gobiernos de tendencias extremadamente opuestas.
Tras la derrota inicial de Napoléon luego de la desastrosa campaña de Rusia, su abdicación y confinamiento en la isla de Elba; en el Tratado de Paz de París, de mayo de 1814, las potencias vencedoras - Inglaterra, Austria y Rusia - acordaron mantener en Francia un sistema monárquico y reconocer la legitimidad de la dinastía de los Borbones, designando Rey de Francia a Luis XVIII.
En esas condiciones, Francia volvió a ser admitida entre las grandes potencias europeas, participando del Congreso de Viena de setiembre de 1814, junto a Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia, en el que fue establecido el nuevo orden político en Europa; aunque para algunas cuestiones también participaron España, Portugal y Suecia.
El Congreso de Viena se vio interrumpido por el retorno de Napoléon y el establecimiento del Imperio de los 100 días, hasta la derrota final de Waterloo. De todos modos, produjo una nueva distribución del mapa europeo. Gran parte de Polonia fue entregada a Rusia, y el resto a Prusia y Austria; que recibió además importantes territorios en la Lombardía italiana comprendiendo las ciudades de Milán, Venecia y Verona, y los antiguos ducados de Módena, Toscana y Parma.
Prusia recibió en el este los territorios de Sajonia, que le dieron una frontera con Francia; de la cual también le fue transferido el rico territorio del Sarre, sumamente importante por sus minas de carbón, con lo cual resultó ser una de las potencias más beneficiadas por el nuevo reparto territorial de Europa.
Inglaterra no pretendía territorios en el continente, pero obtuvo importantes ventajas que consolidaron su total dominio de los mares; ocupando en el Mediterráneo las islas de Malta y las Jónicas del mar Egeo, así como el peñón de Gibraltar, que se agregaron a sus posesiones de El Cabo en el sur de África y la isla de Ceylán sobre el Océano Índico.
Rusia, además de buena parte de Polonia, incorporó a Finlandia.
Dos grandes alianzas surgieron en Europa tras la derrota de la Francia napoléonica y el Congreso de Viena:
Por una parte, la Santa Alianza firmada el 26 de setiembre de 1815 entre el Zar de Rusia y el Rey de Prusia, dirigida a salvaguardar el principio monárquico - movimiento político designado como La restauración - que contiene, por primera vez en el orden jurídico internacional, el compromiso diplomático de renunciar al recurso a la guerra; y que Inglaterra no quiso suscribir debido a sus aprensiones acerca del reconocimiento de Rusia como gran potencia europea.
Por otra parte, la Cuádruple Alianza que unía a Inglaterra, Austria, Prusia y Rusia con finalidades defensivas frente a Francia; que claramente liderada por Inglaterra comprometía a las potencias signatarias, durante 20 años, a sostener a Luis XVIII en el trono francés.
Principales desarrollos históricos durante la Pax Britannica.
En el transcurso del siglo siguiente a Waterloo, la evolución de los acontecimientos históricos llevó a consolidar los factores que condujeron a la I Guerra Mundial:
Inglaterra consolidó en forma sostenida su absoluto predominio industrial, económico, comercial, financiero, militar y sobre todo marítimo, no solamente en el contexto europeo sino en prácticamente todo el mundo.
Londres - y en particular su distrito bancario, la City - se convirtió en el centro financiero mundial; lugar a donde fluían los capitales de todo el mundo y donde se organizaban las grandes inversiones, sobre todo en líneas de ferrocarriles, importantes obras públicas como el abastecimiento de agua potable a las ciudades y su saneamiento, los servicios de gas por cañería principalmente utilizados para la iluminación de las ciudades y abastecidos con las exportaciones inglesas de hulla o carbón mineral. Además, era el centro de gestión y de obtención de los empréstitos para todos los Gobiernos, incluso los de América.
Las grandes inversiones inglesas, a su vez, impulsaban la gran industria inglesa metalúrgica y de la construcción, cuyas exportaciones eran transportadas por su enorme marina mercante de barcos construídos de metal y propulsados a vapor (los que pasaron a ser universalmente conocidos con las letras SS - steam ship - precediendo a su nombre). Los mismos barcos que, de retorno, transportaban a la Gran Bretaña numerosos productos primarios, como el algodón primero norteamericano, luego egipcio e indio, cultivado por ingleses, y los cereales y carnes del Río de la Plata.
La producción se desarrolló enormemente, pasando Inglaterra, a mediados del siglo XIX, a producir el 50% del hierro y el 60% del carbón mundial. Con nuevos aportes tecnológicos, ingresó a la industria del acero; mientras poseía el 75% del tonelaje naval del mundo.
A partir de sus bases mediterráneas de las islas de Malta y Corfú y del estratégico peñón de Gibraltar, más sus posesiones en las principales rutas marítimas como las de El Cabo, Ceilán, Singapur y Hong Kong, de los establecimientos africanos anteriormente dedicados al tráfico de esclavos y de las plantaciones americanas en la Guyana y las Antillas; Inglaterra fue desarrollando importantes colonias en Australia y Nueva Zelanda, Canadá, África del Sur y, sobre todo, en la India que en el último cuarto del siglo XIX pasó a ser el centro principal del Imperio Británico.
De tal manera, hacia 1900 el Imperio Británico comprendía 450 millones de habitantes con 33 millones de kilómetros cuadrados de territorio; sin contar con los numerosos intereses ingleses en inversiones de todo tipo de países independientes, como ocurría en América del Sur. La abundancia de capital de que disponía Inglaterra, le permitía desarrollar en todas partes grandes inversiones en obras públicas, plantaciones e industrias; aportando importantes avances en la modernización de esos territorios, que recibieron el impulso de esas obras, a la vez que sus economías crecían y se diversificaban con la producción de las mercaderías que Inglaterra importaba o cuyo comercio entre ellas centralizaba, y que de ese modo llegaban a todas partes.
Alemania conformada desde 1815 bajo la Confederación germánica en que predominando Prusia y Austria confluían 39 Estados y reinos entre los que se destacaban Baviera, Hannover, Sajonia y Würtenberg, dio origen en 1834 al Zollverein, liderado por Prusia; una unión aduanera de los Estados del norte con la anterior liga de las ciudades portuarias de la Hansa Teutónica.
A partir de allí, se inició un intenso crecimiento industrial y económico, sobre todo con el afianzamiento de la industria metalúrgica en la zona del Ruhr donde se concentraban las riquezas minerales y carboníferas del Sarre, y de las ex-provincias francesas de Alsacia y Lorena. Las cuantiosas reparaciones de guerra que Francia debía pagar a Prusia a consecuencia de la derrota napoleónica, financiaron una acelerada extensión de la red de ferrocarriles, que a su vez alimentó a la industria metalúrgica del Ruhr.
En las Universidades, se fortaleció una corriente intelectual nacionalista, que apuntaba a la unificación política de los estados germanos. En Prusia surgió la figura del Canciller Bismarck, que se convirtió en uno de los políticos más importantes de la Europa décimonónica, y que estableció como objetivo fundamental obtener la unificación de la nación alemana y convertirla en gran potencia europea.
A partir de su unificación, Alemania se convirtió en una gran potencia industrial. La población, que al término de las guerras napoleónicas era de menos de 25 millones, pasó a 40 millones en 1870, alcanzó a 50 millones hacia 1890, y al inicio de la guerra en 1914 era de más de 70 millones. En tiempos de intensa emigración europea, desde Alemania casi no salieron emigrantes. Eso permitió un enorme desarrollo industrial de las industrias metalúrgica, de minería y química. Alemania pasó a ser la tercera en extracción de carbón y la segunda en la producción de acero. Alemania se abocó a construir una gran flota mercante y de guerra con el objetivo de participar en el reparto colonial de los territorios de ultramar, especialmente los africanos.
Los Estados Unidos, a partir de su independencia en 1764, comenzaron una extensa etapa de consolidación nacional, crecimiento económico y expansión territorial.
Durante el siglo XIX recibieron una sostenida inmigración de origen principalmente europeo, constituída en alto grado por irlandeses, escandinavos, ingleses, alemanes, absorbiendo los excedentes de población europea especialmente compuesta de campesinos pobres, bien dispuestos a radicarse en tierras inhóspitas cada vez más hacia el Oeste y a aplicarse a las duras labores del campo.
El enorme aporte de población inmigrante no sólo permitió ocupar y colonizar los territorios del centro y el oeste norteamericano; también las ciudades del este tuvieron un enorme crecimiento en sus habitantes. Luego del intermedio ocasionado por la Guerra de Secesión, la inmigracion europea se reanudó y persistió durante décadas, a un ritmo promedial de un millón por año. A fines del Siglo XIX, estaba colonizado todo el territorio entre el Atlántico y el Pacífico, y se habían incorporado al territorio originario Texas, Nuevo Méjico, California, Louisiana y la Florida.
El desarrollo industrial, sobre todo después de la Guerra de Secesión, se extendió sobre todo en los Estados del nor-este, mientras los del sur-centro se convirtieron en grandes proveedores de productos agrícolas. A la expansión de la industria textil del algodón, siguieron la metalurgia y la metalmecánica. Los ferrocarriles se fueron extendiendo a todo el territorio; sobre todo en las líneas de grandes distancias hacia California, los Grandes Lagos, y el golfo de México.
Especialmente en los últimos 20 años del siglo XIX, los Estados Unidos alcanzaron un ritmo sostenido de crecimiento económico; pasaron a ser el primer productor agrícola mundial gracias a la mecanización de la agricultura, se acercaron y a principios del siglo superaron a Inglaterra en las industrias pesadas metalúrgicas y metalmecánicas. El advenimiento de la electricidad y el petróleo como nuevas formas de energía, permitieron el surgimiento de nuevas industrias como la fabricación de automóviles en la que se aplicaron los conceptos de ensamblaje de partes, originalmente empleados en la fabricación de armas.
Rusia, que había sido incluida entre las grandes potencias europeas, sobre todo luego de la campaña napoleónica, quedó en gran parte fuera del desarrollo industrial del mundo europeo durante el siglo XIX.
Su sistema de producción agrícola continuó siendo casi feudal y fue prácticamente incapaz de generar alimentos para sustentar un fuerte incremento de su población y para generar excedentes capaces de formar capitales que invertir en la industria. El desarrollo del ferrocarril como elemento de interconexión territorial quedó limitado a los fines estratégicos y al objetivo centralizador de Moscú.
Las necesidades de importar productos de la industria metalúrgica, a falta de una propia, absorbieron grandes cantidades de productos agrarios, cuya disponibilidad para la población fue retaceada. Solo hacia finales del Siglo XIX, los descubrimientos de yacimientos de hierro y carbón, y de petróleo, en la zona sur (Crimea, Bakú) permitieron que se iniciaran inversiones industriales, gracias a los capitales extranjeros, principalmente de origen francés; que convirtieron a Rusia en el primer exportador mundial de petróleo a fines del siglo XIX.
En Japón tradicionalmente aislacionista, la llegada en 1853 de la expedición norteamericana al mando del Comodoro Perry inició un proceso de apertura al comercio con los países de cultura europea. En 1858, se vieron forzados a abrir sus puertos y admitir la penetración comercial de Inglaterra, Rusia, Holanda y Francia. La reacción de los señores feudales nipones a la penetración extranjera terminó en una estrepitosa derrota naval que obligó a los japoneses a entregar sus aduanas.
Un grupo de los principales señores feudales se apoderó entonces del palacio imperial, y nombraron emperador a Mutsú Hitó, dándose así comienzo, hacia 1868, a lo que se denomina el período Meiji (gobierno iluminado) que emprendió una decidida política de modernización y apertura del Japón hacia el mundo, conforme al estilo de los países industrializados de Europa y Norteamérica.
El período Meiji produjo en el Japón una modernización acelerada, impulsada en forma autoritaria por el Estado, que transformó en muchos aspectos la estructura social, política y cultural; pero que principalmente significó un gran desarrollo de las industrias básicas, y de los sistemas de transporte por ferrocarril y por mar.
Otra reforma fundamental fue realizada en el plano educativo, dirigida a preparar excelentes técnicos en todas las disciplinas aplicables a la industria y a la tecnología. La modernización japonesa realizada en el período Meiji tuvo como objetivo dar al Japón un papel de gran potencia industrial del Oriente, por lo cual también dedicó importantes esfuerzos al área militar.
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Antecedentes próximos de la I Guerra Mundial.
Hacia 1890, los equilibrios europeos, más o menos mantenidos desde 1815, comenzaron a alterarse de una forma importante.
El extenso período de la pax britannica no había estado exento de conflictos bélicos y de severos enfrentamientos diplomáticos; en buena medida resultantes de los arreglos territoriales arbitrariamente establecidos en el Congreso de Viena.
Las agitaciones revolucionarias de 1830 habían provocado el levantamiento de Bélgica contra su inclusión en los Países Bajos delineados en el Congreso de Viena, comprometiendo en el conflicto a Francia - que apoyaba a los belgas - con Rusia, que procuraba garantizar el estatuto de Viena. La situación se resolvió en el campo diplomático mediante un acuerdo de neutralización de Bélgica que ulteriormente sería decisivo para la intervención de Inglaterra en la I Guerra Mundial.
Una buena parte de las tensiones resultantes de los arreglos territoriales del Congreso de Viena quedaron centradas en la situación de Austria; debido a la heterogeneidad de las poblaciones que quedaron insertas en un Estado cuya existencia unificada se asentaba fundamentalmente en el antecedente dinástico del Imperio Austro-Húngaro de los Habsburgo.
Correlativamente, la expansión colonial del Imperio Británico, que incorporó fundamentalmente la India y originó diversas expediciones inglesas en África - como las de Kitchener en el Nilo y las de Stanley en el río Congo - generó la emulación de otras potencias, tales como las aspiraciones francesas y ulteriormente italianas en África del Norte, de belgas y portugueses en el África centro-ecuatorial, de rusos y japoneses en el Extremo Oriente.
La enunciación de la Doctrina Monroe por parte de los EE.UU. dejó al continente americano fuera de la carrera colonialista europea. Se conoce con ese nombre, la declaración formulada por el Presidente Monroe de los EE.UU., por la cual determinó que se considerarían actos de hostilidad la intervención de las potencias europeas en el continente americano, con el lema América para los americanos; y que consolidó la independencia política de las ex-colonias en América.
A partir de su derrota en la guerra franco-prusiana de 1870, Francia se embarcó en una política dirigida a superar las dificultades económicas - entre ellas el pago de las cuantiosas reparaciones al novel Imperio Alemán - mediante el desarrollo colonial.
A la colonización de Argelia y Túnez en el norte africano, se añadió la penetración en la que pronto pasó a llamarse Indochina Francesa (actuales Laos y Viet-nam) a lo largo del río Mekong, buscando una vía alternativa de acceso a la China. En esos territorios, se desarrolló la producción de arroz y la minería de carbón y otros metales.
La isla de Madagascar, al este de la península africana, se constituyó en otra rica colonia francesa, ocupada en 1883.
El continente africano aparecía, en el último cuarto del siglo XIX, como la zona más atractiva para las ambiciones de las potencias colonizadoras.
Casi desconocido en su interior, y ocupado en gran medida por pueblos primitivos y hasta salvajes - salvo la zona de Egipto y las remanentes de los Califatos musulmanes, principalmente costeros del Mediterráneo - el territorio africano aparecía como la presa más codiciada del reparto colonial, en gran medida agotado en el resto del planeta.
Especialmente las potencias nacionales de reciente surgimiento en Europa, encabezadas por Alemania e Italia, se agregaron a Inglaterra y Francia como aspirantes a participar en el reparto colonial africano; pretendiendo - como dijera el emperador alemán, Guillermo II - tener un lugar al sol.
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Estallido de la I Guerra Mundial.
El 10 de agosto de 1913 fue firmado el Tratado de Bucarest. El Káiser desestimó los intentos de introducirle modificaciones por parte de Austria-Hungría, Rusia e Italia, e hizo saber al Rey de Grecia, su cuñado, que lo reconocía como definitivo. Europa recuperó la tranquilidad después de los dos últimos años de enormes tensiones bélicas y políticas.
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El atentado de Sarajevo.
Diez meses después, el 28 de junio de 1914, el heredero del trono de los Habsburgo, el Archiduque Francisco Fernando, paseaba por las calles de Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, cuando fue asesinado mediante una bomba arrojada a su paso por Gavrilo Princip, un joven de nacionalidad serbia.
El atentado se consideró consecuencia de la creciente agitación propagandística que tenía lugar en Bosnia, con aquiescencia del gobierno de Belgrado y la simpatía de Rusia, en favor de la incorporación de Bosnia a Serbia.
Durante casi un mes, el episodio no tuvo otra consecuencias que las de una cada vez menor atención en la prensa. Pero el 23 de julio, Austria-Hungría presentó a Serbia un terminante ultimátum.
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El ultimátum austríaco exigía que, en un plazo de 48 horas, el gobierno serbio condenara la propaganda dirigida contra Austria-Hungría, y ... el conjunto de tendencias que se dirigen, en definitiva, a separar de la monarquía austro-húngara determinados territorios que forman parte de ella; y además que se comprometiera:
A suprimir todas las publicaciones que incitaran al odio y al desprecio de la monarquía austríaca, y cuya tendencia general se dirigiera contra la integridad territorial de Austria-Hungría;
A disolver inmediatamente todas las asociaciones patrióticas serbias contrarias a Austria, y se detuviera a todos sus dirigentes;
A aceptar la colaboración de los órganos del gobierno austríaco para la eliminación dentro de su territorio de los movimientos subversivos cuyo objetivo fuera atentar contra la integridad territorial de la monarquía austro-húngara;
A iniciar de inmediato una investigación judicial para identificar a los participantes en el complot del 28 de junio que se encontraran en el territorio serbio, dando participación directa a órganos delegados del gobierno imperial.
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El ultimátum austríaco creaba una situación prácticamente insoluble.
Era evidente que los austríacos, al enviarlo, sabían perfectamente los riesgos de guerra que implicaba. Toda Europa comprendió que el ultimátum era directamente un reto a Rusia, y que de ninguna manera el gobierno austro-húngaro lo hubiera enviado si no contrara con un compromiso alemán de darle apoyo.
Rusia, como protector explícito de Serbia y de todos los pueblos eslavos de los Balcanes, se veía colocada en la disyuntiva de admitir que Austria-Hungría de hecho sojuzgara a los serbios luego de haberse apoderado de Bosnia; y así perder todo ascendiente político sobre los pueblos eslavos de los Balcanes y del resto de Europa. Si Rusia ponía su peso del lado de los serbios, ello implicaba hacer palpable la extensión de su influencia hasta las fronteras mismas del Imperio de los Habsburgos; y era impulsar a Austria-Hungría a la guerra.
En los hechos, la agitación paneslavista había alcanzado enorme incidencia en un Estado en el que, como ocurría en Austria-Hungría, vivían 10 millones de alemanes y otros 10 millones de húngaros, gobernando excluyentemente sobre una población eslava de 25 millones. La explotación propagandística de esa situación por parte de la Serbia recién establecida, era manifiesta. La complacencia rusa con tal situación, era una manifestación más de la antigua rivalidad entre los Romanoff y los Habsburgo en los Balcanes, ambientada en la explosiva situación étnica y religiosa que aún ahora los caracteriza.
El día 24 de julio, Austria-Hungría notificó a Rusia que no tenía ninguna intención de anexar territorio Serbio. Rusia solicitó se prorrogara el plazo del ultimátum. El día 25, al tiempo que Rusia anunciaba publicamente su respuesta de apoyo al pedido de protección recibido del príncipe heredero de Serbia, Austria-Hungría se negó a otorgar esa prórroga. El mismo día, Serbia comunicó a Austria-Hungría la aceptación de casi todos los planteos del ultimátum proponiendo que los restantes fueran sometidos a un arbitraje. Austria-Hungría repuso de inmediato que ésa no era una respuesta satisfactoria.
El 25 de julio, que era domingo, Sir Edward Grey el Canciller inglés - que en la Conferencia de Londres tanto había bregado por alcanzar acuerdos entre las potencias allí enfrentadas - inició una misión negociadora. Propuso que tanto Austria-Hungría como Serbia aceptaran someterse a una mediación a cargo de las potencias que no estaban directamente interesadas en la cuestión: Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania. Rusia apoyó esa propuesta; pero Alemania - que posiblemente había aprobado previamente el ultimátum austríaco - aunque hubiera podido inducir a su aliada a aceptarla, condicionó su apoyo a que Inglaterra obtuviera que Rusia abandonara sus pretensiones de influencia en los Balcanes.
Ante la negativa alemana, Sir Edward Grey invitó al gobierno alemán a proponer otra fórmula de mediación. Pero el mismo día 25, Alemania se había dirigido a Francia y a Inglaterra proponiendo localizar el conflicto, para lo cual debían presionar a Rusia a mantenerse neutral, lo que significaba permitir que Austria-Hungría se impusiera sobre Serbia. Tanto Francia como Inglaterra desecharon esa propuesta.
El miércoles 28 de julio de 1914, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia.
El Káiser, que estaba viajando por Noruega al emitirse el ultimátum austríaco y había regresado a Berlín el domingo 25, dirigió al Zar de Rusia un mensaje proponiéndole dejara a Austria en libertad para aplicar un correctivo a Serbia. El Zar propuso someter el caso a un arbitraje; a lo que el Káiser nunca respondió.
Habían comenzado ya las movilizaciones militares. Austria había movilizado sus fuerzas hacia Serbia de inmediato. El 25 de julio Rusia notificó a Alemania que comenzaba una movilización contra Austria, pero que ello no encerraba ninguna intención agresiva hacia Alemania. El 29 Alemania planteó al gobierno inglés la posibilidad de que la Gran Bretaña se mantuviera la margen en caso de guerra; la respuesta fue terminantemente negativa.
Sir Edward Grey hizo un último esfuerzo, proponiendo que Austria se limitara a una expedición punitiva contra Serbia, comprometiéndose a detener su avance en un punto convenido para luego someter la cuestión a una conferencia de las potencias. Austria y Rusia aceptaron; pero el día 30 Alemania envió a Rusia un ultimátum, concediendo 12 horas para que cesara su movilización; lo que fue ignorado por Rusia.
El 31 de julio de 1914, Alemania declaró la guerra a Rusia.
Se ponía en práctica - una vez más - el concepto enunciado por Clausewitz, de que la guerra es la continuación de la diplomacia por otros medios.
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El plan Schlieffen. La situación en cuanto a la neutralidad de Bélgica. Aprestos bélicos en vía diplomática.
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Desde 1905, el Estado Mayor alemán había desarrollado un plan para la hipótesis de guerra de Alemania contra Francia, conocido como el Plan Schlieffen:
La apreciación de situación - en función de la alianza franco-rusa - consideraba que Rusia no disponía de una estructura logística adecuada para movilizar rapidamente sus ejércitos contra Alemania; en tanto que Inglaterra no tenía un ejército numeroso.
La idea de maniobra, consistía en atacar rapidamente a Francia, considerando que su inferior capacidad industrial y su menor población la hacía poco defendible; además de que disponía de un armamento menos moderno que el alemán.
El movimiento estratégico, determinaba avanzar hacia Francia a través del territorio de Bélgica, que protegida por su status de neutralidad, se consideraba inadecuadamente defendida.
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No puede caber duda de que el Plan Schlieffen era conocido de las demás potencias en conflicto. Las gestiones diplomáticas acerca de la situación de Bélgica, fueron febriles.
El 25 de julio, Rusia había solicitado al Embajador inglés que Inglaterra se comprometiera a la par de Rusia y Francia; convencida de que sólo eso podría disuadir a Alemania. Pero el gobierno inglés, incluído el propio Rey Jorge, no consideró posible comprometer ese apoyo atendiendo al estado de la opinión pública. Aún luego de que Alemania hubo declarado la guerra a Rusia, el Presidente francés solicitó directamente al Rey Jorge el compromiso de apoyo británico, sin obtener respuesta favorable. Sin embargo, el Canciller inglés también hizo saber al gobierno alemán que no debía interpretar los esfuerzos de paz de Inglaterra como indicación de que, de haber un conflicto armado, no participaría en él.
El 29 de julio, el gobierno alemán había indicado al gobierno inglés, que si Inglaterra se mantenía neutral, se respetaría la neutralidad de Holanda y se garantizaría la independencia de Bélgica siempre que no se declarara contra Alemania. Además, prometía no anexarse territorio francés. Todo lo cual fue correctamente entendido en el sentido de que Alemania no se comprometía a respetar la neutralidad belga, ni a no anexarse colonias francesas. El 30 de julio, el gobierno inglés rechazó esas proposiciones, calificándolas de vergonzosas.
El mismo 30 de julio, Francia recordó a Inglaterra el compromiso diplomático asumido entre ambas en 1912, luego del incidente de Agadir, de consultarse mutuamente en caso de verse amenazada la paz europea. Esto implicaba establecer operaciones conjuntas; pero los ingleses dieron respuestas vagas al respecto.
De todos modos, el 31 de julio Inglaterra planteó tanto a Francia como a Alemania, la interrogante de sus intenciones respecto de la neutralidad belga, que tanto Gran Bretaña como Rusia, Prusia y Austria se habían comprometido a garantizar por los Tratados de 1839 y 1870. Francia asintió de inmediato; pero el embajador alemán en Londres consultó si una promesa alemana de respetar la neutralidad belga significaría el compromiso inglés de neutralidad; lo que fué terminante rehusado.
El 2 de agosto, Inglaterra se comprometió ante Francia - en base a un acuerdo naval que habían establecido antes por el cual Francia protegía la flota inglesa del Mediterráneo e Inglaterra las costas del Mar del Norte y el Atlántico - a defender la costa atlántica de Francia si fuera atacada por la armada alemana.
Ante ello, Alemania notificó a Inglaterra, el 3 de agosto, que se abstendría de atacar a Francia por mar, a condición de que Inglaterra se mantuviera neutral; pero no asumió un compromiso similar respecto a Bélgica.
En realidad, el 2 de agosto Alemania había enviado un ultimátum, notificando a Bélgica sus intenciones de penetrar en territorio belga, aduciendo similares preparativos de Francia, para avanzar hasta el valle del río Mosa. En consecuencia, Bélgica solicitó el apoyo inglés, recibiendo del gobierno británico la respuesta de que una invasión alemana de Bélgica significaría la guerra con Alemania. Similar comunicación cursó Francia, ofreciendo varios cuerpos de ejército.
El 3 de agosto Bélgica rechazó el ultimátum alemán, afirmando que estaba dispuesta a defenderse tanto de una invasión alemana como francesa. El Rey Alberto de Bélgica, apeló a Inglaterra, Francia y Rusia, para ayudarle a defenderse. Inglaterra cursó a Alemania un ultimátum para que respetase la neutralidad belga, con plazo hasta la medianoche del 4 de agosto. Pero las tropas alemanas ya habían penetrado en Bélgica en la madrugada del 4 de agosto. Ese día, el Canciller alemán pronunció un discurso anunciando que Alemania había invadido Bélgica ante un estado de necesidad que le habilitaba para no respetar su neutralidad, pero que repararía los daños no bien se hubieran alcanzado sus fines militares.
El mismo 4 de agosto, el embajador británico en Berlín cumplió la cortesía diplomática de despedirse del canciller alemán; el cual le preguntó qué propósito tenía Inglaterra de declararse en guerra por un pedazo de papel, que era el Tratado de garantía de la neutralidad belga.
Al llegar la medianoche del 4 de agosto de 1914, habiéndose efectuado ya la invasión alemana a Bélgica que, el canciller alemán declaró al embajador inglés, era un hecho consumado e irreversible, Inglaterra transmitió a Alemania su declaración de guerra.
De inmediato, Italia declaró que la Triple Alianza era un compromiso de fines puramente defensivos, por lo que no se consideraba obligada a entrar en una guerra agresiva como la comenzada por Alemania y Austria. De tal manera, asumió una posición de neutralidad que favoreció a Francia, al permitirle retirar las tropas que guarnecían la frontera franco-italiana.
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El planteo de la guerra.
La función de un Estado Mayor militar, es anticiparse a las hipótesis posibles de conflicto armado, y formular planes estratégicos y tácticos para cada una de ellas; así como organizar todos los elementos que serían necesarios para ponerlos en práctica.
De tal manera, no bien finalizó la guerra franco-prusiana de 1870, la hipótesis de una nueva guerra entre Alemania y Francia entró en el temario de los Estados Mayores de ambos países; y su análisis fue siendo adaptado para adecuarlo a la forma en que sobre ella incidían las variables resultantes de las nuevas alianzas políticas, las nuevas condiciones económicas y demográficas, o las nuevas aplicaciones de la tecnología al equipamiento bélico.
Casi todas las hipótesis consideraban como la situación más probable la de un ataque inicial por parte de Alemania. Las grandes alianzas políticas entre los Estados, se concebían como defensivas; pero era evidente que Alemania estaba en la posición del retador, frente a la situación de superioridad naval, industrial o colonial de su más visible rival, que indudablemente era Inglaterra.
En la situación inmediatamente anterior al estallido de la I Guerra Mundial, la cuestión para Alemania era si atacar solamente a Francia, procurando que Austria-Hungría con alguna asistencia militar menor por parte de Alemania tratara de contener a Rusia hasta que Francia fuera derrotada; o dirigir primero el golpe contra Rusia, tratando de mantener contenida a Francia en la frontera de Alsacia-Lorena.
Por otra parte, podía aceptarse como un axioma que la estrategia rusa se basaba en la misma concepción aplicada durante la invasión napoleónica; contando con las enormes extensiones de sus estepas, y practicando básicamente una guerra de evasivas, eludiendo combates frontales y retirándose lentamente hacia el interior para obligar al invasor a estirar sus líneas de abastecimiento sobre un territorio donde el General Invierno en algún momento habría de llegar. Esto era seguro, para una guerra comenzada en el mes de agosto.
La doctrina militar alemana, por otra parte, había sido la de la guerra relámpago. Napoléon había sido derrotado en Waterloo en una semana de haber entrado en operaciones. La guerra con Austria de 1866 se había definido en seis semanas, y las batallas decisivas de la guerra franco-prusiana, también habían sido próximas a su iniciación.
La estrategia alemana, por lo tanto, era la de llevar a cabo una campaña relámpago; lo que en la II Guerra Mundial se denominó la blitzkrieg. En realidad, no estaba en condiciones de proceder de otra manera: su estructura económica, militar y financiera no le habilitaba a emprender guerras de larga duración. Su posición central, además, le dificultaba aprovisionarse en el exterior, las vías marítimas estaban esencialmente dominadas por Inglaterra, y no le sería fácil mantener en funcionamiento por mucho tiempo líneas de abastecimiento de sus ejércitos, que fueran demasiado extendidas.
Un rápido triunfo alemán en Francia, quizá pudiera mantener a Inglaterra fuera de la guerra; y en cuanto a Rusia, lo más probable sería que finalmente se apartara de ella. Los planificadores militares alemanes no desconocían la inestabilidad política interior de Rusia - que finalmente explotaron durante la guerra - y contaban con que terminaría por imponerle una prioridad sobre su esfuerzo bélico. Además, el antecedente de las reparaciones de guerra percibidas luego de la guerra de 1870, les llevaba a contar con que finalmente sería una Francia derrotada la que pagaría la factura.
Seis semanas eran, por lo tanto, el tiempo que los Generales alemanes estimaban suficiente para derrotar a Francia; de modo que para ese entonces, Rusia recién estaría en condiciones de comenzar a presentar combate.
Desde el punto de vista tecnológico, Alemania contaba con una visible superioridad. Su artillería era mucho más nueva, y por tanto más moderna que la francesa. El submarino torpedero, era una nueva arma desarrollada ampliamente por Alemania, para compensar la superioridad naval inglesa y aún francesa.
Casi todos los ejércitos de tierra europeos, seguían centrados en la infantería de a pié, o en la caballería. Buena parte de su armamento de fuego no era automático, o era de diseño todavía muy primitivo. Entretanto, Alemania había motorizado más su ejército, empleando camiones y hasta motocicletas, que le daban una mucho mayor movilidad.
Francia había fortificado considerablemente su frontera con Alemania. Se habían construído grandes fortalezas en Verdún, Toul, Épinal y Belfort, vinculadas entre sí por otras importantes defensas. Por lo tanto, las opciones para eludir esa muralla de acero, eran atravesar por Suiza o por Bélgica.
El montañoso territorio suizo, y la eficiencia de su ejército, no favorecían ese propósito. Por lo tanto, ya desde 1909 algunos observadores habían señalado la construcción por parte de Alemania de excelentes líneas de ferrocarril de doble vía sobre la zona casi desértica de las Ardenas, hasta la frontera belga, sin aparente utilidad comercial y pacífica; que llegado el momento serían utilizadas para movilizar rápidamente grandes fuerzas militares. Por ese camino, en los valles de los ríos Mosa y Sambre no había otras fortificaciones que las anticuadas y desprovistas fortalezas belgas en Lieja y Namur.
La estrategia francesa, básicamente defensiva, se basó en las enseñanzas recogidas en la guerra de 1870. Aunque considerara la posibilidad de ser atacada a través de Bélgica, no podía desatender la defensa de su propia frontera con Alemania. Contaban con que Rusia atacaría en Prusia oriental en tres semanas de iniciado el ataque alemán en el oeste, según se había comprometido y en definitiva así lo hizo.
El supuesto francés era que, aunque los alemanes atacaran desde Bélgica, un contraataque en Alsacia-Lorena y en las Ardenas, los obligaría a replegarse para defender su propia frontera.
Por otra parte, la experiencia de 1870 llevó a los franceses a considerar que debían evitar una batalla en que empeñaran todas sus fuerzas, mientras no se encontraran en condiciones de ganarla. Si sus ejércitos eran derrotados en batallas colaterales, debían seguir en condiciones de reagruparse y volver al ataque.
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EL DESARROLLO DE LA GUERRA - I La guerra de movimientos en el frente occidental.
El ejército alemán comandado por el Gral. Moltke, siguiendo el Plan Schlieffen, invadió Bélgica el 4 de agosto de 1914. A unos 50 Kms. de la frontera belgo-alemana, se levantaba la fortaleza de Lieja, que dominaba los pasos sobre el río Mosa y la línea férrea entre la ciudad alemana de Colonia, sobre el río Rin, y las ciudades belgas de Bruselas y Ambères. Pero era una fortaleza antigua, cuya artillería ya obsoleta no había sido renovada. Sin embargo, se esperaba que lograría por lo menos demorar la ofensiva alemana.
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La resistencia belga.
Para el 6 de agosto, cuando Bélgica había finalizado su movilización y el Rey Alberto asumido el mando desde la ciudad de Lovaina, 12 regimientos alemanes de caballería habían cruzado la frontera el mismo 4 de agosto y desplazándose por la ruta de Aix-la-Chapelle llegaron al río Mosa en Vise, al sur de la frontera belgo-holandesa y al norte de Lieja, y lograron cruzar el río pese a alguna minúscula resistencia belga. Pero eran apenas una avanzada de las fuerzas alemanas.
El 5 de agosto, el 10º cuerpo de ejército alemán, al mando del Gral. Emmich, se presentó frente a Lieja, y al negársele el paso sin resistencia se aprestó a tomar la fortaleza. Pero las fuerzas belgas de infantería, con apoyo de artillería, lograron detener el intento alemán durante dos días; hasta que el 6 de agosto, llegaron grandes refuerzos alemanes que cruzaron el río Mosa rodeando Lieja, y obligaron a los belgas a replegarse, lo que lograron con éxito.
El 7 de agosto, finalmente, los alemanes lograron ocupar la ciudad de Lieja y utilizando la artillería pesada - los modernos cañones austríacos Howitzer de la fábrica Skoda, de 305 mm. de calibre, mientras los defensores contaban con los ya anticuados de 75 mm. - atacaron y demolieron la ciudadela, arrollando la defensa belga. El avance alemán no había sufrido una dilación importante.
El gran avance alemán comenzó en realidad el 12 de agosto. Las primeras oleadas de caballería alemana, que precedía a la infantería, tropezaron con la resistencia del ejército belga, librándose diversas escaramuzas entre los días 12 y 18 de agosto, en la zona entre Ambères y Bruselas. Los belgas esperaban, entretanto, que arribaran tropas francesas e inglesas, que se desplegaban sobre la ribera del Mosa, y que llegaron a las cercanías de Namur el 15 de agosto.
Pero el 18 de agosto fué visible que ni los franceses ni los ingleses llegarían a tiempo. Tres cuerpos de ejército alemanes, avanzaban desde el Mosa por el norte de Lieja, otros tres lo hacían por el sur, y cinco más - totalizando 500.000 hombres - los seguían inmediatamente. Los belgas contaban con 100.000 soldados. Los franceses e ingleses, todavía estaban casi en la frontera de Francia. El Rey Alberto ordenó a sus fuerzas retirarse a la zona fortificada de Ambères, lo que quedó completado para el día 20 de agosto.
El altamente motorizado ejército alemán ocupó Lovaina el 19 de agosto, y desdeñando atacar a los belgas de Ambères, viró sobre su izquierda para dirigirse a Francia. El 20 tomaron Bruselas; el 23 bombardearon y ocuparon Namur. La defensa prolongada de Namur era esencial para la estrategia anglo-francesa, por cuanto les hubiera permitido unirse al ejército belga.
Por otra parte, el ataque alemán no se limitó a avanzar a través de Bélgica. Un tercer ejército a las órdenes del Gral. Hausen avanzó a través de las Ardenas, a fin de atravesar el río Mosa al sur de Namur; y otro compuesto por cinco cuerpos al mando del príncipe de Würtenberg lo hacía por las Ardenas belgas habiendo atravesado Luxemburgo. Los alemanes ya contaban en Francia con 23 cuerpos de ejército, más dos cuerpos de caballería y otro que reservaron en Bélgica para controlar al ejército belga encerrado en Ambères. Otros 8 cuerpos de ejército alemanes estaban acantonados en Alsacia-Lorena.
La resistencia belga careció en definitiva de verdadera significación militar. Sin embargo, tuvo un enorme impacto en la opinión pública mundial, especialmente en los Estados Unidos. Puso claramente de manifiesto el atropello alemán por la neutralidad belga, y su desprecio por la Ley Internacional. El inicial triunfo alemán apareció así como producto puro de la fuerza brutal de las armas; en tanto que a partir de allí, la guerra, que en cierto modo había sido vista como un episodio bélico más que se agregaba a los recientes, empezó a ser considerada como una guerra por cuestiones de principios, en la cual los alevosamente atacados por Alemania merecían simpatía y apoyo.
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La Batalla de Lorena (Metz).
Los franceses habían planificado su defensa básica sobre la hipótesis de que Alemania atacaría por Alsacia-Lorena; pero tenían previstos también los movimientos necesarios a partir de saberse que lo hacían por Bélgica. Sin embargo, nunca podrían saber cuál de los ataques era el verdaderamente principal.
Los generales franceses dispusieron, por tanto, cinco cuerpos de ejército entre los ríos Mosa y Sambre; contando con que el ejército expedicionario británico destacado al norte contribuiría a frenar un ataque alemán a través de Bélgica, así como con el eventual apoyo del ejército belga.
Consecuentes con su concepción de que en todo caso los alemanes tendrían que distraer fuerzas para defenderse de los franceses si eran atacados por éstos en la zona de Alsacia-Lorena, el ejército francés montó una ofensiva en las cercanías de Nancy, bastante al sur de las fronteras con Bélgica y Luxemburgo. Esa ofensiva produjo la primer batalla de cierta importancia con las fuerzas alemanas, la batalla de Metz o de Morhange, el 20 de agosto de 1914, en la cual los franceses fueron sorprendidos por el alcance y la potencia de la nueva artillería alemana y resultaron ampliamente derrotados.
Al día siguiente, en el área al norte de Verdún y frente a la frontera francesa con Luxemburgo, en la zona de las Ardenas, otros dos ejércitos franceses se enfrentaron con las columnas alemanas comandadas por el príncipe de Würtenberg, que habían atravesado Luxemburgo y penetrado hacia el río Mosa. Una vez más fueron superados por el poder de fuego de la artillería alemana, con lo cual los franceses debieron retirarse a la ribera oeste del Mosa.
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La Batalla de Mons.
Sin embargo, las acciones importantes de los comienzos del avance alemán tuvieron lugar más al norte, en el área de la frontera belga. El grupo de ejércitos alemanes comandados por von Bülow, que venía desde Namur - en territorio belga - se enfrentó en los alrededores de Charleroi con las fuerzas francesas al mando del Gral. Lanzerac.
La dura batalla se libró en la población de Charleroi, calle por calle, durante todo el día 22 de agosto. Pero otro grupo de ejércitos alemán, que acababa de tomar Namur, había cruzado el Mosa y amenazaba tomar a los franceses por su retaguardia, combatiendo con el ejército inglés compuesto por 80.000 hombres, en la zona de Mons, un poco más al oeste.
Al decidir los franceses retirarse de sus posiciones, en Charleroi, los ingleses de Mons se encontraron totalmente superados; por lo cual junto con los franceses debieron retirarse hasta el río Oise, a donde llegaron el 28 de agosto.
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El avance alemán hacia París.
Entre el 20 y el 23 de agosto, cuatro ejércitos franceses habían sufrido derrotas a manos de los alemanes; pero en realidad habían logrado retirarse ordenadamente y continuaban en condiciones de combate. Otros importantes contingentes franceses, al mando del Gral. Foch por el centro, avanzaban desde París en dirección al río Marne, y otro grupo al mando del Gral. Maunoury guarnecía París.
El 30 de agosto llegaron noticias de que los Rusos atacaban en Prusia oriental y en la zona de Galitzia, creando la espectativa de que ello obligaría a los alemanes a aliviar la presión sobre Francia. Pero al día siguiente, los rusos fueron derrotados en Prusia, en la batalla de Tannenberg. El Gral. Moltke ante el éxito obtenido en Mons había admitido los requerimientos de enviar dos cuerpos de ejército al frente oriental, en lo que fue la primer manifestación de la constante necesidad de los alemanes de debilitar uno de sus frentes para atender las urgencias del otro.
Ese 30 de agosto, los ejércitos francés y alemán estaban prácticamente enfrentados en una extensa línea que partiendo al norte de Verdún, se aproximaba al curso del río Aisne y del río Oise. Sería la línea del máximo avance alemán en territorio francés.
La Batalla del Marne - (5 al 12 de noviembre de 1914).
Siguiendo la estrategia aprendida en 1870, el alto mando francés había procurado ofrecer en principio una resistencia limitada, procurando concentrar todo su poderío para una batalla decisiva, en condiciones favorables. En los primeros días de setiembre, el Mariscal Joffrè, comandante supremo de las fuerzas aliadas, no consideró conveniente la posición en las márgenes del Aisne y el Oise - entre otras cosas por el mal estado en que se encontraban las tropas expedicionarias inglesas - y optó por retirarse a una nueva línea, cubriendo el tramo desde París hasta Verdún, detrás del río Marne y formando una curva en el centro, hacia el curso del río Sena.
Esa retirada ofreció al ejército alemán del norte, comandado por von Klück, la oportunidad de dirigirse directamente hacia París en cuya dirección avanzaba, pero a costa de debilitar el grupo central de las fuerzas alemanas al mando de von Bülow, que venían dirigiéndose hacia los ejércitos franceses, desde Bélgica. De esta manera, von Klück giró hacia el sureste, y vino a dejar a su izquierda al ejército francés del Gral. Maunoury, que protegía París.
El Gral. Maunoury recibió del Mariscal Joffrè la orden de salir de París y atacar el flanco del ejército alemán de von Klück.
El Gral. Maunoury solicitó el apoyo de los cuerpos de ejército británicos - que estaban estacionados en la ruta de von Klück - pero su jefe consideró que no les sería posible atacar en menos de 48 horas.
El 5 de setiembre de 1914, en un frente de más de 100 kms, de largo, que iba desde París a Verdún, principalmente entre el Marne y el Sena, se inició una de las batallas más gigantescas de la historia moderna, la Batalla del Marne, en que se enfrentaron mucho más de dos millones de combatientes; y que incluyó en sí varios otros combates, que habían de durar hasta el 9 de setiembre.
Las acciones comenzaron el 5 de setiembre, con el movimiento del ejército del Gral. Maunoury, en la planicie de Ourcq, dirigido por un lado directamente hacia el flanco izquierdo del cuarto cuerpo de ejército alemán comandado por von Klück, mientras por otro lado otros contingentes lo rodeaban por el norte, atacándolo por su retaguardia y su flanco derecho. Los franceses iniciaron el ataque con unos 100.000 hombres, pero llegaron a duplicarse en el transcurso del combate, con toda clase de tropas de reserva llegadas mediante la célebre intervención de los taxis de Paris.
Al anochecer de ese mismo día 5, los franceses lograron desalojar a los alemanes de las únicas dos colinas existentes en Ourcq - Monthyond y Penchard - y al día siguiente los alemanes se encontraron en retirada. Von Klück recurrió rapidamente, entonces, a los dos cuerpos de ejército que enfrentaban a los ingleses, y para el 8 de setiembre montó un contraataque haciendo retroceder a los franceses. En la noche del 9 al 10 de setiembre, parecía que los franceses serían arrojados hacia París; pero al día siguiente resultó que, enterado von Klück de la situación en otras zonas del frente, había resuelto su retirada hacia otras posiciones.
La retirada de von Klück del 6 de setiembre, obligó asimismo a que los cuerpos de ejército comandados por von Bülow - que enfrentaban más al centro al quinto ejército francés - debieran a su vez realinearse con él. Es esas condiciones, el alto mando alemán decidió endurecer su ataque contra el ejército francés del centro, mandado por el Mariscal Foch, que venía combatiendo en franca desventaja. Pero el mismo 9 de setiembre, ante la retirada de von Bülow, el décimo cuerpo de ejército francés mandado por el Gral. Franchet d'Esperey pudo auxiliar al Gral. Foch. La División 42 francesa atacó en Fère-Champenoise, un punto guarnecido por la Guardia Prusiana, que había quedado debilitada a causa del traslado de otros contingentes alemanes hacia el sur; y logró quebrar el frente. La Guardia Prusiana perdió toda su artillería, y a continuación fue desabaratado el cuerpo de ejército alemán al mando del Gral. Hausen.
El éxito obtenido por Foch fue concomitante con la recuperación de von Klück en Ourcq; pero al ser conocido por éste, resolvió la retirada hacia el Aisne.
Las pérdidas de vidas de la Batalla del Marne, superaron los 300.000 hombres entre muertos y heridos. Ambos bandos las padecieron por igual; y también hicieron grandes cantidades de prisioneros. Pero la trascendencia de esta batalla, fue enorme.
Los franceses pensaron que habían arrojado definitivamente a los alemanes de su territorio. Los alemanes consideraron que habían recibido un revés temporario. Lo cierto es que de las fuerzas enfrentadas, solamente los ejércitos de von Klück y de Hausen habían desplegado todo su potencial, y solamente el segundo había sido decisivamente derrotado. Del lado francés, solamente los de Foch y Maunoury habían combatido a fondo, pero el segundo no pudo derrotar plenamente a von Klück.
De todos modos, la Batalla del Marne significó el fracaso de la ofensiva relámpago alemana, y de su proyecto de ganar la guerra en Francia en seis semanas. Como consecuencia, el Gral. Moltke fue relevado del mando de las tropas alemanas en el frente occidental, siendo sustituído por el Gral. von Falkenhayn.
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El ataque ruso: La Batalla de Tannenberg.
De acuerdo a los términos pactados, cuando Alemania atacó a Francia, Rusia procedió de inmediato a enviar dos ejércitos contra Prusia oriental. Uno de ellos procedió desde la zona de Niemen; y el otro desde Varsovia.
Los rusos avanzaron rapidamente, y luego de superar a los alemanes en las escaramuzas de Gumbinnen e Insterburg, se dirigieron hacia Königsberg y en dirección a Dantzig. Muy numerosos refugiados que huían del avance ruso, llegaron continuamente a Berlín.
La rapidez de la invasión rusa sorprendió a los alemanes. El Káiser confió el mando en Prusia al anciano mariscal Hindenburg, ya retirado. El mariscal decidió concentrar las fuerzas contra el ejército que provenía de Varsovia, y que debía desplazarse en territorios muy pantanosos. El 31 de agosto de 1914, los alemanes - reforzados con los dos cuerpos de ejército venidos de Francia - atacaron a los rusos con su artillería pesada, en Tannenberg, destrozando el ejército de 100.000 hombres que perdió además todo su armamento. Ante ello, rapidamente los rusos ordenaron la retirada de su otro ejército.
La derrota rusa de Tannenberg, si bien no impidió las consecuencias de la batalla del Marne, en cambio permitió a los alemanes proseguir su esfuerzo bélico en Francia; y organizar nuevas ofensivas. En cierto modo, así como la batalla del Marne salvó a Francia, la de Tannenberg salvó a Alemania.
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La batalla del Aisne - (15 al 18 de noviembre de 1914).
La batalla del Marne había sido ante todo una derrota estratégica para Alemania. Pero en realidad, de sus ejércitos en Francia, aunque todos habían sufrido enormes pérdidas, sólo había sido vencido el más pequeño de ellos. En su conjunto, las fuerzas alemanas habían podido retirarse ordenadamente, y estaban en condiciones de procurar reagruparse y nuevamente presentar batalla.
Con ese propósito, los diversos ejércitos alemanes que habían intervenido en la batalla del Marne, realizaron una retirada hasta nuevas posiciones detrás del río Aisne, aprovechando la cadena de colinas allí existente.
Las fuerzas francesas intentaron consolidar el éxito del Marne, atacando a las tropas alemanas parapetadas en el Aisne, pero los sucesivos ataques realizados por el ejército expedicionario inglés y por los cuerpos de ejército de los Grales. Maunoury y D'Esperey, fueron detenidos por los alemanes.
El 18 de setiembre, von Klück realizó un contraataque, que le permitió recuperar los terrenos de que los ingleses y franceses los habían desalojado.
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Caída de Ambères.
Hacia fines de setiembre, los franceses realizaron una compleja serie de desplazamientos, aproximándose cada vez más al mar, que tenía por finalidad separar al ejército alemán de la costa y tratar de reunirse con el ejército belga de Ambères. Los alemanes, que lo percibieron así, trataron de tomar Ambères, capturar al ejército belga y ocupar los puertos franceses sobre el Canal de la Mancha, para retomar luego la ofensiva.
En octubre, consecuentemente, los alemanes sitiaron Ambéres. El bombardeo de Ambères volvió a impresionar vivamente a la opinión - especialmente norteamericana - en contra de Alemania. Sin embargo, desde el punto de vista militar, Alemania procuraba evitar que belgas y franceses recuperaran el control del territorio de Bélgica, lo que les impediría llegar a la costa del Canal de la Mancha, frente a Inglaterra; objetivo que necesitaban obtener, para mantener en el mar su ofensiva submarina, desde los puertos belgas.
Ante el impresionante poder de los nuevos cañones Howitzer de 305 mm., el ejército belga atrincherado en Ambéres hubo de cruzar el río Escalda para poder escapar a lo largo de la frontera holandesa, en unión a las fuerzas expedicionarias inglesas que habían arribado a último momento, dirigidas por Winston Churchill, a quien se reprochó haber demorado excesivamente la retirada.
Millones de refugiados belgas huyeron por todos los medios disponibles. Cuando cayeron Ambères el 9 de octubre y Ostende el 15 de octubre, la opinión mundial - especialmente en Inglaterra - se conmovió, considerando que se estaba ante una situación comparable a las de las guerras napoleónicas.
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La carrera hacia el mar.
Una vez tomadas Ambères y Ostende, los alemanes intentaron apoderarse de la costa del Canal de la Mancha, de Calais, Boloña, Dunkerque, y así poder utilizar los puertos para bases de sus submarinos, con el propósito de bloquear a Inglaterra. Los aliados reunieron todas sus fuerzas en la zona de Flandes, en torno de la ciudad de Yprès. Estaban allí junto a las fuerzas francesas, al ejército expedicionario inglés, tropas de la India, de Marruecos, del Senegal junto a los remanentes del ejército belga; todos ellos al mando del Mariscal Foch.
El territorio que se extiende entre Yprès y el mar, es particularmente plano, lleno de dunas, y por lo demás era facilmente inundable mediante un sistema de compuertas. Los alemanes iniciaron el ataque a lo largo de la costa, sobre las posiciones sostenidas por los belgas, que resistieron durante varios días. Una escuadra inglesa se acercó a la costa, y bombardeó al ejército alemán, infligiéndole enormes pérdidas. Entonces, retrocedieron en dirección de Yprès, y volvieron a avanzar a través de los campos inundables. Los belgas abrieron las compuertas, convirtiendo el terreno en un lago en que miles de soldados alemanes perecieron ahogados.
La primer batalla de Yprès.
El ataque alemán fue a continuación contra Yprès, defendida por los ingleses. El combate fue terrible; las colinas, granjas y trincheras cambiaban de manos sucesivamente, mientras las aldeas se convertían en escombros y ni siquiera se enterraban los muertos. La llegada del otoño añadió la lluvia y la nieve.
Finalmente, el 15 de noviembre, los alemanes desistieron luego de haber perdido más de 250.000 hombres. Los franceses habían perdido 70.000; y 50.000 ingleses, un tercio del ejército expedicionario, había sido muerto o capturado. Entre ellos, estuvo Lord Roberts, el único político inglés que había prevenido acerca del peligro alemán; que había ido al frente de guerra para revistar las tropas de la India, con las que había servido.
El fracaso de la estrategia alemana de la guerra rápida, iniciado en el Marne, quedó sellado en Yprès. El frente quedó delineado por una interminable sucesión de trincheras, que desde Nieuport sobre el Canal de la Mancha, poco al oeste de Ostende, descendía hacia Yprès, en dirección a París, pero se detenía en las riberas del río Oise, torcía hacia Reims, pasaba por Verdún, retrocedía detrás de Nancy y bordeaba la frontera de Alsacia-Lorena. Hasta marzo de 1917, el frente occidental permaneció así, totalmente paralizado. Alemania debía ocuparse previamente del frente oriental.
Detrás de la línea de trincheras, Alemania retenía casi toda la región industrial de Francia, entre ellos los principales establecimientos metalúrgicos y de minería. También ocupaba casi todo el territorio de Bélgica.
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EL DESARROLLO DE LA GUERRA - II El frente oriental.
Como se ha visto, el frente oriental había sido teatro de operaciones militares de importancia, antes de la batalla de Yprès, a partir de la cual el frente occidental quedó virtualmente paralizado. Evidentemente, la derrota rusa en Tannenberg incidió sobre el desempeño de las fuerzas alemanas en el frente occidental; fracasando con ello el objetivo perseguido por el plan franco-ruso que determinó el ataque a Prusia oriental.
Pero Rusia tenía sus propios intereses en juego, que por cierto habían sido las circunstancias determinantes del proceso que condujera a la guerra; referidos a su posición en los Balcanes en que su enfrentamiento era directamente con el Imperio Austro-Húngaro. Las acciones emprendidas por Rusia contra Austria-Hungría no pudieron ser indiferentes para el Imperio Alemán, que debió acudir en apoyo de su aliado, seriamente amenazado de ser derrotado por Rusia.
Al estallar la guerra, la posición de los ejércitos rusos estacionados en Polonia resultaba peligrosa. El territorio polaco, quedaba en cierto modo rodeado por la frontera de Alemania al oeste y Prusia al norte; además de la posibilidad de ser atacado desde el sur por Austria-Hungría. Los rusos habían comenzado a erigir algunas fortificaciones al norte de Varsovia, cubriendo la frontera con Prusia oriental; aunque las principales defensas estaban constituídas por los ríos y pantanos abundantes en ese territorio. Pero las defensas ante un eventual ataque desde Austria-Hungría eran prácticamente inexistentes en la zona de Lublin, al sur de Varsovia.
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La batalla de Lemberg.
De tal modo, al tener conocimiento de la enorme concentración militar alemana sobre Bélgica y Francia, Rusia consideró suficiente emplear una fuerza limitada en su ataque a Prusia oriental desde Varsovia; y en cambio asignó la parte más considerable de sus ejércitos en dirección a Austria-Hungría. Tres ejércitos, con más de un millón de hombres, se movilizaron allí, a las órdenes de los Grales. Ivanoff, Russky y Brusiloff.
Ivanoff avanzó desde Brest-Litovsk hacia el sur, procurando defender Lublin de una posible invasión autríaca. Entretanto, los otros dos recibieron la misión de atacar a Austria-Hungría, en dirección a Lemberg y Galitzia, en la última semana de agosto. Existía la incertidumbre de si Rumania se mantendría neutral, o intervendría en la guerra como aliada de Alemania; lo cual obligaría a los rusos a emplear fuerzas importantes para proteger Odessa. Pero Rumania se mantuvo neutral, lo cual liberó de su compromiso defensivo a Rusia, permitiéndole atacar fuertemente a Austria-Hungría.
La estrategia imperial había asignado a Austria-Hungría contener el ataque ruso, mientras Alemania vencía a Francia. Pero subestimaron la potencialidad del ataque ruso, con lo que dos de los mejores ejércitos austríacos habían pasado al frente occidental, en la zona de Alsacia-Lorena, para repeler el ataque francés. Además, Austria-Hungría no había olvidado sus intereses originarios en la guerra, y otros cuatro cuerpos de ejército habían sido enviados a someter a Serbia; pero eran tropas bisoñas, que sufrieron serios reveses al enfrentar a los veteranos soldados serbios.
En esos mismos momentos - y mientras en el oeste se libraban los combates de Charleroi en Bélgica entre alemanes e ingleses y una semana
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