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La clonación humana.
Naturalmente, y a pesar de que la cuestión de la manipulación genética y la clonación suscita por sí bastantes cuestiones muy arduas en el campo humano aunque sea referida solamente a su empleo en vegetales y animales, aún algunos de ellos de caracteres muy simples como bacterias y otros microorganismos; la discusión más destacada ha sido suscitada a raíz de la clonación de la oveja Dolly. Y también de los anuncios tanto de que está disponible la tecnología; como de que algunos están dispuestos a aplicarla, para proceder a la clonación de seres humanos.
¿Es ello admisible? ¿Cuáles son sus riesgos y ventajas? ¿Qué razones hay para excluirla? ¿A quién corresponden las decisiones?
Podría sostenerse no solamente que la manipulación genética de seres humanos es algo admisible, sino altamente admirable.
Eso podría fundarse en el derecho de los padres. Nadie discute que los padres tienen el derecho de decidir acerca de a qué escuela han de concurrir sus hijos, y de orientar su educación; y también tratar de estimular determinados aspectos de su personalidad o sus talentos. Podría preguntarse: ¿Por qué motivos ha de negarse a los padres que utilicen la ingeniería genética en la misma forma que utilizan la educación?
Hasta podría sostenerse que muchas veces el uso de la ingeniería genética no sería solamente un derecho, sino una obligación. Todos los padres desearían estimular al máximo las habilidades intelectuales y físicas de sus hijos; pero si encontraran que ellos no alcanzan las condiciones para estar a la altura de esos niveles. ¿Por qué, no han de poder hacerlo genéticamente?
Pero frente a eso, también cabe considerar que la cuestión de permitir el uso de la ingeniería genética, o de la clonación, en seres humanos, debe discutirse con independencia de los resultados a que su uso puede conducir.
Además, desde el punto de vista de si la sociedad tiene derecho a establecer una política general en este asunto, se plantea primeramente la pregunta de si es admisible que la sociedad actual decida sobre los valores que han de sustentar los miembros futuros de esa sociedad. Y lo mismo sucede respecto de la familia.
¿Solamente los actuales integrantes de una sociedad o de una familia tienen derechos? ¿Los embriones no deben ser tomados en consideración acerca del empleo de la manipulación genética a su respecto?
Suponiendo que en un momento determinado, una sociedad o una familia considere que lo más importante en la vida es la habilidad para el deporte o para la música: ¿es admisible que decidan que sus hijos han de ser grandes deportistas o grandes músicos?
En realidad, la cuestión no es si, habiendo sido genéticamente programado para destacarse en el arte musical, después habrá de preferir parecerse a Pavarotti o a Ricky Martin. La cuestión es que se le habrá privado de su propia posibilidad de elegir qué talento cultivar y de qué manera, e incluso de la de no elegir ninguno. Lo esencial es matener vigente y plena la libertad para elegir.
Sin embargo, hay quien considera que los argumentos que se expresan para oponerse a la clonación, no tienen fundamento.
Un ser humano producido por clonación no pierde su propia individualidad, por el hecho de que físicamente sea una copia de otro individuo. Eso ocurre en la naturaleza con los gemelos y no puede decirse que por serlo carezcan de su propia individualidad. Las similitudes se mantienen en el aspecto físico, pero no en sus personalidades, pensamientos, ideas, etc.
Tampoco puede afirmarse que por ser clonado tenga limitadas las opciones entre las que elegir; o que la clonación implica que unos individuos pueden dominar sobre otros hasta el punto de proyectar toda la estructura de su vida.
Por otra parte, en la clonación no puede aplicarse directamente el concepto de la paternidad.
En el estado actual de la tecnología, y dentro de lo que es posible avizorar al respecto, un clon humano sería producido esencialmente a partir de un óvulo de cualquier mujer, mediante la introducción de una información genética que tanto podría ser la de un hombre como la de otra mujer.
En tales condiciones ¿hasta qué grado puede hablarse de que alguien es el padre o la madre de un clon humano? En todo caso, si se tratara de un matrimonio, tanto daría que los genes insertados al ovocito gestado por la mujer, fueran los de ella o los de su esposo, si eligieran alguno de ésos.
En tal supuesto, la diferencia consistiría exclusivamente en no haber dejado que fuera la naturaleza misma la que eligiera cuáles, entre los caracteres hereditarios de cada uno de sus padres, habrían de prevalecer en el hijo.
En la fecundación que se produce naturalmente, los caracteres no se heredan en forma sistemática; pero también ocurre que los hermanos que no son mellizos ni gemelos tienen diferencias en sus caracteres sólo hasta cierto punto, y por razones que no están científicamente determinadas.
Desde un punto de vista estrictamente racional, ¿qué diferencia puede establecerse entre el nacido por clonación y el nacido por fertilización in vitro? ¿Cómo puede tenerse la seguridad de que la fertilización in vitro no influya sobre la configuración de qué caracteres hereditarios se transmitirán o no al nuevo ser?
Por otra parte, no solamente en el caso de fecundación in vitro cabe la posibilidad de buscar una selección de caracteres a través de la elección de un donante. De hecho, en la propia elección de pareja una persona puede tener presentes esos factores; y de alguna manera a menudo es así, aunque pueda ocurrir que esos factores no operen a un nivel de plena conciencia.
Pero no solamente se trata de la cuestión de originar un nuevo ser, solamente para que exista, por clonación: el asunto no es el mismo que cuando se analiza crear un clon para conseguir material para hacer trasplantes.
Actualmente, la cuestión de la producción de clones, se plantea en ese aspecto de manera más real y apremiante. Los gobiernos de Inglaterra y de EE.UU., han adoptado recientemente decisiones que habilitan la realización de investigaciones y experimentos dirigidos a crear clones, con fines de producir tejidos compatibles para injertos terapéuticos, y hasta asignado fondos públicos para ello.
De esta manera, tal vez podría producirse en abundancia sangre y componentes sanguíneos compatibles, u órganos como hígados y corazones para receptores humanos, provenientes de animales genéticamente compatibilizados; por ejemplo, cerdos.
Uno de los factores más trascendentales de los descubrimientos genéticos, es el de que no obstante las diversidades entre las especies animales, todos los códigos genéticos están como escritos en un mismo idioma. De tal manera que, al menos teóricamente, sería posible crear animales genéticamente manipulados que tuvieran órganos compatibles con determinado ser humano, al que pudieran serle trasplantados.
Esta posibilidad significa un cambio radical en el tema, porque una cosa sería crear seres humanos con fines de trasplantar sus órganos, y otra hacerlo mediante animales.
Los científicos han coincidido en considerar que la posibilidad tecnológica de crear clones para la producción de tejidos y aún de órganos, está justificada desde el punto de vista ético en función del objetivo de salvar vidas humanas. Actualmente, se justifica en ese fundamento que personas vivas donen sus órganos duplicados (por ejemplo, un riñon) y, por supuesto, su sangre.
Lo que ha nacido con toda esta temática, es una nueva disciplina: la bioética. En definitiva, la cuestión de la clonación se convierte en una cuestión filosófica; y para algunos, en un referente de índole religiosa.
En conclusión, luego de examinar objetivamente los argumentos que se presentan, se llega a que la posibilidad de crear seres humanos mediante cualquier forma de manipulación genética, es algo que queda a ser resuelto de acuerdo con nuestra conciencia ética.
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